miércoles, 5 de diciembre de 2007

Mala leche

Durante el 2005, tuve el gusto de participar de un curso de perfeccionamiento político multipartidario, en el que en cada reunión se tocaba un tema distinto. En la primera, quien expuso sobre el gasto público, fue el actual ministro de economía designado, Martín Lousteau.

Quien en aquel momento acababa de asumir como asesor del ministro de la Producción Bonaerense Lopetegüi, hacía hincapié en lo bajo que era no sólo el Gasto Público Nacional, sino además, la presión tributaria. ¿Seguirá pensando lo mismo?

Los “caminos de la vida”, lo han llevado hasta uno de los puestos claves del Estado. Pero condicionado.

No sólo por quien es el presidente hasta el próximo 10 de Diciembre, sino por todos los nombramientos impuestos que deberá aceptar en casi la totalidad de las áreas que formalmente de él dependen.

Y la estrella de estas designaciones inconsultas, es el Secretario de Comercio Interior. El hasta hace unos días renunciado, Guillermo Moreno.


¿Caso testigo?

Ámbito Financiero publicó en sus Charlas de quincho de ayer, que el ex presidente del BCRA Javier González Fraga, mentor de Lousteau y candidato al mismo cargo al que este asumirá la semana próxima, pero en la oposición (Lavagna), dijo haber aconsejado a su “pollo”. “Le dije a Martín que se banque a Moreno y que no proteste, que diga (a) todo que sí, que aguante tener colegas lamentables y acusados de corrupción”.

Más allá de la versatilidad ideológica de González Fraga, quien ya anunció su pase al kirchnerismo, está claro que pretende educar a Lousteau con valores.

Y debemos reconocer que el alumno es bueno, ya que no tardó en hacerle caso. Después de todo, es mucho más importante parecer, que ser.

Hasta hace unas horas, se había planteado la posibilidad de un debate del que podría deducirse quien manejaría las riendas del Palacio de Economía.

El ministro designado se oponía a que se fijase el precio de venta de los productores lecheros en $0,73 por litro, tal como proponía el Secretario Moreno. Su propuesta era la de garantizar el precio que los tamberos pedían ($0,82/ litro) a cambio de la promesa de inversiones, de forma de aumentar la producción total de leche.

Para esto se debería subsidiar a las empresas productoras, (aunque estas ya habían manifestado su apoyo a la propuesta morenista). Esto no era nada para quien considera que el gasto es bajo.

Hoy Martes, finalmente se develó el criterio que el gobierno utilizará para solucionar el conflicto. Y para disfrute del kirchnerismo más duro, fue el joven ministro a quien le tocó dar las nuevas.

Si bien el precio máximo que las procesadoras podrán pagar a los productores, será levemente superior al oportunamente anunciado por Moreno, el criterio elegido, fue el del Secretario. O sea, el de Kirchner.

Rápidamente, el novel ministro aprendió la lección de su padrino González Fraga. Ya sabe decir “si” a todo. Incluso hace propias las propuestas ajenas. Tiene futuro.


Presión fiscal y salida de divisas

Como decía en el comienzo, la idea de Lousteau es que la presión tributaria en nuestro país es comparativamente baja. Y sin entrar analizar la calidad del gasto y por ende, el retorno para la población de los impuestos pagados, la otra parte del anuncio sobre la leche, fue en el camino de aumentar la recaudación. Vía retenciones.

Es que se fijó el precio máximo a percibir por los exportadores: U$S 2.700 por tonelada de leche en polvo. Y en el mercado internacional, la cotización está por encima de los U$S 4.100 la tonelada. La diferencia, queda en el Estado.

Esto no sólo va a ayudar a que cada vez haya más soja y menos leche, sino que es una autopista hacia la subfacturación de las exportaciones. Siendo la brecha tan alta y con tendencia a aumentar, los sabuesos de la AFIP tendrán que trabajar mucho para evitar que la leche se convierta en el mejor instrumento para sacar divisas del país.


Buenos Aires, Diciembre 05, 2007.-
Publicado en Edicioni (www.edicioni.com )

lunes, 3 de diciembre de 2007

Venezuela: ¿Socialista?

El pasado domingo hubo elecciones en Venezuela a los efectos de plebiscitar la reforma constitucional propuesta por el chavismo. Tal como informaron los medios, ganó el NO.

Para reconocer su derrota, Chávez dijo “Que haya votado 49% por el socialismo es un gran salto político.” Esto es como decir que el 49% de los venezolanos son socialistas. ¿Es esto verdad? Veamos.

Cuando se pretende cambiar algo tan trascendente como lo es una constitución, es esperable que todos aquellos que buscan y/o impulsan ese cambio, salgan a apoyarlo. No sólo en las calles sino (especialmente) en las urnas. Más aún, si quien lo impulsa es el propio oficialismo y cualquier gesto ampuloso y exagerado a favor de propuesta no sólo no será mal visto, sino que hasta puede convertirse en algún favor futuro.

Pues la primera sorpresa es que el 44% de los venezolanos habilitados para votar, decidieron no hacerlo. Las causas pueden ser variadas. Pero ciertamente será mayoritaria aquella que sugiere que dadas las pocas posibilidades de evitar un desenlace previsto, el hecho de ir a votar se convirtió en secundario. Algo similar a lo que pasó el 28 de octubre, en la Argentina.

Ahora, ese desenlace puede ser en ambos sentidos. Pero como ya dijimos, quienes apoyaban el SI, no sólo querían ganar, sino de ser posible aplastar a quienes se les oponían, de forma de poder decir que el SI representaba de manera cabal la idea respecto de la constitución, que tenían los venezolanos. La voluntad popular (?)

Por ende, quienes no votaron fueron en su gran mayoría quienes apoyaban el NO. Es entonces aun más entendible su ausencia, si agregamos a su falta de motivación para cambiar lo que parecía un hecho consumado, con el de una probable represalia contra quienes no se alineen con el oficialismo (ya ocurrió cuando se juntaron las firmas para la revocatoria de Chávez).

Es así que, para no ser categóricos, podríamos decir que el 40% de los que no votaron (90%), eran contrarios al deseo oficialista y tan sólo un 4%, hubiera apoyado.

Hasta aquí, tenemos que aproximadamente un 70% (40% más el 50% del otro 56%) que no apoya el cambio constitucional.

Pero aun queda más. Asumamos que dos tercios de ese 30% oficialista, es el núcleo duro e ideologizado del chavismo. Esto es un 20% del total. El otro tercio (10%), es una población prebendaria, que apoya a cambio de planes de ayuda, trabajo estatal, negocios con el estabishment, etc.

De esta forma, aunque el mismo Chávez piense que los que se abstuvieron comulgan con sus ideas, cerca del 80% de la población venezolana es contraria el proyecto socialista del siglo XXI, aunque la falta de una oposición, las actitudes infantiles de no presentarse a elecciones y los protagonismos personales, le permiten a Chávez seguir ganando elecciones.

Hoy el dictador se ha quedado sin la posibilidad de usar la democracia al estilo cubano. Esto es, perpetuarse en el poder, simulando elecciones. Pero de ninguna manera debemos pensar que Chávez va a dejar el poder en el final de su mandato, si no ve una oposición que lo obligue a ello. Incluso podría generar alguna situación que “amenace la seguridad interior” de Venezuela para de esa manera, buscar tomar por la fuerza lo que los venezolanos no le han negado el pasado domingo.


Buenos Aires, Diciembre 03 2007.-

Publicado en Fundación ATLAS 1853 (www.atlas.org.ar) y DIARIO DE AMERICA (http://www.diariodeamerica.com/)

martes, 20 de noviembre de 2007

De víctimas y victimarios

El pasado martes 20, fui testigo de uno de los innumerables hechos delictivos a los que los argentinos somos sometidos de manera diaria. Le cuento.

Blanco Encalada y Zapiola (en la ciudad de Buenos Aires). Minutos antes de las 08:00. Un intento de robo. Le rompen la ventanilla a un vehículo en el que viajaban rumbo al colegio, padre e hija.

El hombre, a riesgo que el delincuente contara con algún arma de fuego, se baja e intenta apresarlo. A esa altura, la esquina ya estaba llena de mirones. Sólo uno decide ayudarlo.

Al llegar yo y preguntar que había pasado, quien había ayudado a la victima, decide irse. Y el delincuente intenta escapar. Allí fui yo, quien colabora con la victima y luego de inmovilizar al delincuente, llamo a la policía.

Durante los 5/ 10 minutos que esperamos la llegada del patrullero, ni tan siquiera uno de los curiosos, que a esta altura ya eran más de los que uno podría imaginar, ofreció ayuda alguna.


A mi no me toca

La reconocida indiferencia argentina de mantenerse ajeno a los problemas de los demás hace que el accionar de los delincuentes sea más sencillo e impune. Más aun, siempre habrá quien intente justificar el accionar de aquel y de esa manera mantener su conciencia tranquila, por no participar. Hasta que él mismo sea la victima.

Paradójicamente, este comportamiento social se replica entre los ciudadanos, cuando el gobierno de turno comete atropellos.

La forma corporativa de asociación que tiene la sociedad, que debería servir para enfrentar los actos del poder con una mayor entidad y capacidad de respuesta que hacerlo personalmente, termina jugando en contra.

El último alza de los derechos de exportación (retenciones) al petróleo y sus derivados, logró que el sector del agro no se sienta tan solo. Pero el resto del mundo empresario sigue pensando que los beneficios de la creación de un nuevo Banade o que el mantenimiento de los actuales niveles de crecimiento más que compensarán los efectos de la inflación. Ambos dados por el Indek y por lo tanto no del todo creíbles.

La idea que el victimario se conformará con la victima actual, hace que las potenciales victimas se sientan seguros en su papel de observadores. Incluso algunos intentarán justificar las acciones del primero. Tal como en la historia del inicio.

El problema es que es imposible que todas las potenciales victimas lo sean de manera simultánea. Pero en el tiempo nadie estará a salvo. Lo que ayer le sacaron al campo y hoy a las empresas petroleras, mañana le será exigido al resto de la sociedad. De manera progresiva. Pero nadie debe sentirse a salvo. Más temprano que tarde, deberán rendir una vez más sus armas ante el insaciable gasto público.

En los considerandos del decreto 394/07, en el que se fijaron las nuevas retenciones para los hidrocarburos, dice: “Que aún después de deducidos los derechos de exportación que por esta resolución se establecen, la rentabilidad resultante será la adecuada para el giro normal de la actividad.”.

Si el gobierno puede a través de un funcionario (no importa si el presidente o un subsecretario) definir cual es la rentabilidad adecuada para un sector, por que no podrá hacerlo para todos.

Y de hecho lo hace. Tanto el sector del agro como el de los hidrocarburos, son importantes exportadores, por lo que se puede intervenir en dichos sectores, con un sencillo decreto como el mencionado.

De igual forma se determina la renta de las empresas prestadoras de servicios públicos, al congelarse las tarifas.

Pero para el resto de los sectores, incluido el de los asalariados, la intervención y definición de la renta está a través de la inflación.

El aumento de precios tiene mal marketing. Por eso es necesario ocultar los índices reales. Especialmente en tiempos de elecciones. Pero sus efectos son fantásticos para una administración que se mantiene en el poder e intenta hacerlo por mucho tiempo, a través de compra de voluntades (mejor dicho, alquiler). Es por eso que no existe la voluntad política de erradicar la inflación.

En un contexto inflacionario, el otorgar aumentos masivos, extender beneficios previsionales a quienes nunca aportaron (y no precisan justificar la obtención de una pensión cuasi graciable), nombramientos masivos en los diferentes niveles del Sector Público Nacional no es un problema. En el corto/ mediano plazo, la inflación se encargará de licuar esos aumentos del gasto.

Hasta los sindicalistas están felices, ya que les han devuelto su razón de ser. El negociar constantemente nuevos aumentos.

Sector a sector van siendo limitados en su libertad de decisión, al obtener sólo “rentas adecuadas”. De esa manera, todo se vuelve dependiente del poder central. Incluso los gobernadores e intendentes deben adecuarse a este régimen feudal.

Pero mientras la mayoría sólo reaccione cuando se sienta personalmente atacado, estaremos jugando el juego que más le conviene al victimario.

Después de todo, el lobo no se hará vegetariano por propia iniciativa. Él y sus carroñeros solo cambiaran sus hábitos, si las victimas los obligan. Por ahora no parece que esto vaya a suceder.


Buenos Aires, Noviembre 20, 2007.-

Publicado en el DIARIO DE AMERICA (http://www.diariodeamerica.com/) y el DIARIO DE RIO NEGRO (http://www.rionegro.com.ar/diario/2007/11/22/200711o22s01.php)

miércoles, 24 de octubre de 2007

El próximo domingo no es uno más

Tanto los analistas políticos sospechados de un tinte oficialista exagerado como los que se ubican en las antípodas, coinciden en una de las causas de un eventual triunfo del matrimonio presidencial.

Esta coincidencia es que de tanto machacar a través de los medios de prensa, que el triunfo está asegurado y las elecciones son tan sólo un trámite, esto podría convertirse en realidad. Al mejor estilo goebbeliano.

Algún candidato opositor hasta ha enmarcado este accionar, como delito. Y si bien esta figura no existe, lo que seguramente habrá que investigar, es el origen de los fondos y la utilización de los recursos del estado en la campaña de la consorte presidencial.


Posición dominante

Pero no sólo la propaganda oficial es el elemento que ayudaría a inclinar la balanza del próximo domingo. De hecho, en términos de eventuales irregularidades y/o ilícitos, es el menor de los males.

Es el manejo discrecional de fondos públicos, durante todo el periodo presidencial el factor más relevante. Cincuenta mil millones de pesos, en poco más de cuatro años han sido administrados por fuera de todo control republicano.

No es fácil (por la magnitud de la cifra) imaginarse todo lo que se puede hacer y las voluntades que se pueden comprar o alquilar. Pero tampoco es difícil imaginar que son muchas.

A esto se debe sumar que desde hace once años que institucionalmente la Argentina vive en default. Desde 1996. Año en que la nueva Ley de Coparticipación Federal de Impuestos debería estar reglamentada, según lo dicta la Constitución de 1994. Pero esto no ha ocurrido y es difícil que vaya a suceder en el corto plazo..

Se suele decir que no habría mayores cambios de lograrse esta ley o que los tiempos actuales, no son los ideales para intentarlo. La pregunta es: ¿Ideales para quien?

El ahogo financiero que implica la actual Ley de Coparticipación para gobernadores e intendentes, la vuelve ideal para quien detenta el poder a nivel nacional.

La imposibilidad en muchos casos de poder pagar los sueldos y demás gastos corrientes con lo que cada jurisdicción recauda, es el blanco principal del chantaje financiero ejercido desde la capital. Aunque siempre por presidentes de origen no porteño.

Y esta capacidad de presión, es utilizada no sólo para los negocios de algún ministro, sino para armar las listas de Diputados y Senadores que representen al ejecutivo nacional. Jamás al pueblo.


El 28 de Octubre

El próximo domingo no sólo se vota por presidente y vicepresidente. Aunque esto sea lo que el gobierno pretenda que parezca.

La composición de las Cámaras nacionales, provinciales y municipales, así como muchos de los ejecutivos provinciales y los jefes municipales estarán en juego.

Minimizar el poder presidencial seria una ridículo. Entregarles además todo la estructura de poder en los tres niveles, seria una tontería. No votar, seria una estupidez mayúscula.

No es mi pretensión direccionar el voto opositor hacia un candidato en particular. Si lo es el llamar la atención sobre la necesidad de voto y de hacerlo según las propias convicciones.

La elección por el mal menor debería ser el 4 de noviembre, cuando entonces si, sólo estemos votando entre dos alternativas presidenciales. Pero para esto, debemos ignorar el mensaje del “triunfo asegurado” del oficialismo

El próximo domingo no es uno más. Es quizás el más importante del año. Y de los próximos cuatro. Aun cuando haya ballotage, la elección del 28 es crucial.

Vayamos a votar con nuestros hijos. Y hagámoslos como ellos se lo merecen. El domingo estaremos construyendo una parte importante de su futuro.

Buena elección.


Buenos Aires, Octubre 24, 2007.-

Publicado en Diario Rio Negro (Rio Negro y Neuquen) y DIARIO DE AMERICA (http://www.diariodeamerica.com/)

miércoles, 17 de octubre de 2007

La desnacionalización de la Industria Argentina

Hemos estado leyendo en los últimos años, como empresas de capital nacional han ido siendo compradas por capitales foráneos.

Ante este panorama, políticos de extracción ideológica muy diferente, pareciera que coinciden. Una coincidencia que se resume en la condena de tales ventas. Incluso el pedido de auxilio al estado para que de alguna manera, pare esta “sangría” de marcas históricamente argentinas. Marcas “que hacen a la identidad nacional”.

Y ante la coincidencia, uno se pregunta si no deberíamos todos ir a la Plaza de Mayo a gritar por la defensa de la “Industria Nacional”.


Causa 1: El modelo cultural

Sin entrar a analizar la famosa tesis de Max Weber, en la cultura latinoamericana en general y en la Argentina en particular, existe cierto sentimiento de culpa por parte de quienes se encuentran en la cúspide de la pirámide socioeconómica.

Por otro lado, quienes se encuentran en la base de dicha pirámide, tienden a culpar a terceros respecto de su posición relativa. Y esa acusación no se limita al ámbito local, sino que de ser posible se buscan culpables fuera del mapa latinoamericano.

Esto ha permitido a la dirigencia política implementar en nombre de la “justicia social”, todo tipo de planes económicos y políticos, que la única justicia que buscan es la de satisfacer las ambiciones personales de quienes se encuentran en el ejercicio del poder.

Es así que, sin importar los resultados que en el pasado haya tenido la implementación de determinados programas, una y otra vez se los vuelve a utilizar en el subcontinente. Siempre con el discurso marketinero que esta vez funcionará. Generalmente apoyados en la idea que la diferencia entre las anteriores implementaciones fallidas y la próxima, que estará condenada al éxito, reside en la capacidad personal y única de quien ejerce el poder. Mientras, Einstein se revuelve en su tumba.


Causa 2: El modelo macroeconómico

La intromisión del estado y la consecuente distorsión de los mercados, ha sido una constante en el último siglo. Lo que equivale a decir, que lo fue en casi toda la historia de la Argentina moderna.

Una de las constantes que podemos encontrar en los últimos 30 años, ha sido y es la inflación. Variaron los instrumentos que se utilizaron para combatirla. Y con mayor o menor éxito, siempre se la atacó como si fuera la inflación la causa de los problemas y no como una consecuencia de ellos.

Si miramos al gobierno de los 80´s, veremos que se utilizó la inflación para financiar los gastos del estado, cada vez mayores. Y se la combatió (o se pretendió hacerlo) sin éxito, con sucesivos cambios nominales de moneda, pensando que la inflación desaparecería si la misma podía ser eliminada de la mente de los argentinos.

En los 90´s, se buscó achicar el estado y con ello el gasto relacionado. Pero se fijó el tipo de cambio no permitiendo que el mercado fuera corrigiendo de manera progresiva, las distorsiones que significaba el aumento del gasto (nuevamente). Esta vez se financió dicho gasto, con deuda. Roto el termómetro cambiario, lo que pudo ser una gripe, terminó en neumonía.

Ya en el siglo XXI, se arrancó con un intento fiscalista (confiscatorio) para financiar el déficit y terminó siendo un nuevo stock de deuda el que pagó la factura. Hasta que estalló.

Luego de la crisis del 2001/ 2002, la solución que se propuso y se implementó fue incrementar el nivel de intervención del estado en la actividad económica. Sin buscar analizar aquí los beneficios que para muchos “empresarios” y funcionarios significó la pesificación y la devaluación, el mercado fue violado. Los contratos fueron incumplidos. Y el “riesgo empresario”, base del capitalismo sano, fue absorbido por el estado.

Con el piso del 09 de mayo de 2003 (U$S 1 a $2,79), se instauró una nueva convertibilidad. El objetivo decían, era un dólar competitivo (eufemismo de “artificialmente alto”) de forma de incentivar las exportaciones, favoreciendo así la reconstrucción de la economía. Se suponía que esto debería no sólo aportar fondos por la actividad de comercio exterior, mejorando el Balance de Pagos, sino que debería generar un crecimiento imparable, por aumento de la actividad económica.

Tal como explicaba días atrás el economista Raúl Cuello, confundir crecimiento con recuperación puede ser cuando menos, peligroso. “Entre el año 1998 y el año 2007, la economía argentina creció un 24%, valor que ponderando la tasa de crecimiento demográfica arroja apenas un 14% por habitante”, aclara Cuello. Este registro es significativamente menor que lo que la propaganda oficial declama.

Si como dijimos (y sabemos), la cotización del dólar no surge de las operaciones del mercado, el sentido común alcanza para saber que debe de haber algún costo a pagar para mantenerlo en los valores actuales. Al menos hasta ahora. Haber mantenido esta convertilidad, fue tarea del Banco Central, quien compró toda la oferta de dólares que el mercado no demandaba. Para esto emitió unos $70.000 millones. Y para evitar que esos pesos no demandados no quedaran en el mercado, los esterilizó vía títulos públicos.

Además del costo cuasi fiscal de estos títulos, la enorme cantidad de pesos no demandados que no fueron esterilizados, han desembocado en inflación. Inflación no reconocida por el gobierno.

Como todo ex adicto, el sólo pensar en volver a épocas de inflación de dos dígitos, ha generado cierta incomodidad en la gente cuando se encuentra con efectivo (en pesos, obvio). A mediados del 2005 se alcanzó un PBI similar al anterior a la crisis del 2001. Para ser exacto, similar el de 1998. Esto quiere decir, que hasta allí apenas fue recuperación.

Pero fue recuperación sin inversión real en bienes de capital. A principios del 2006, la brecha entre el PBI potencial y el real (output gap), se cerró. Pero la inversión seguía sin llegar.

A partir de allí, a la inflación generada por el exceso de emisión, se sumó la expectativa de la generada por una demanda que no encontraría oferta suficiente de bienes. Y esto fue agravado a partir del 3er trimestre del 2006, con una crisis energética no reconocida por el gobierno, pero que limitaba aun más la capacidad de producción.

La solución que encontró la administración actual, fue la de adulterar el termómetro. La inflación indicaba que había problemas. En lugar de tratar de resolverlos, se bastardeo al Indec, de manera que los índices fueran los que la política necesitaba.

Esto exacerbó las expectativas inflacionarias de los diversos agentes económicos, encontrándonos hoy en una situación en la que el BCRA debe ahora vender dólares para evitar la sensación de una inminente devaluación.

Este cuadro no escapa a ningún empresario. Mucho menos a los bancos. Es entonces que más allá de las bondades que desde el gobierno han tratado de convencernos que el actual modelo tiene, el mercado ha ido anticipándose a los futuros problemas.

Es entonces razonable esperar que el costo del dinero haya estado durante todo este tiempo por encima de lo que debería, según los indicadores que mostraban el camino al éxito.

Con una tasa de crecimiento cercana al 8% anual durante estos últimos seis años, con un dólar competitivo y con el éxito asegurado, los indicadores de riesgo deberían de haber bajado de manera similar a lo que ocurrió en Brasil y el costo del crédito estar en niveles acordes con un mercado sano en expansión.

Pero el tipo de cambio actual no sólo no generó el boom de exportaciones prometido, sino que sumó inflación. U$S 21.000 aun en default, convierten a la Argentina en un país poco creíble. El congelamiento de tarifas ha detenido las inversiones en infraestructura necesarias, y estas a su vez, limita la oportunidad de nuevas inversiones productivas. El control de precios no sólo distorsiona el mercado (especialmente en términos geográficos) sino que tampoco incentiva avanzar con nuevos proyectos.

En este contexto, es lógico pensar que el empresariado intentaría volver a la racionalidad económica. Aunque más no sea, para defender su propio capital.


Causa 3: El capitalismo nacional

“Propiciar las medidas adecuadas para la efectiva consolidación y la mayor expansión de la industria nacional sobre la base del respeto a la propiedad privada y la participación del capital nacional y extranjero.”

Este objetivo no se encuentra dentro de alguna de las numerosas plataformas políticas que de cara a Octubre próximo, podríamos estar leyendo. Es el punto 4to de los objetivos de la Unión Industrial Argentina (UIA).

Está claro que lejos de este objetivo se encuentra hoy el accionar de esta Cámara y de sus integrantes en particular.

Con su accionar han avalado y avalan el avasallamiento del estado sobre la propiedad privada. Cada vez que son llamados a una foto oficial, en la que se anuncian controles de precios o producción a pérdida, allí están.

Esto ha infectado al capitalismo con un virus típico en Latinoamérica: la corrupción. Corrupción no es sólo el “sobre” o “retorno”. La aceptación de subsidios como parte del precio en el que se incluyen los riesgos empresarios es también corrupción. De igual forma que lo es las cuotas de mercado, la compra de empresas con la “ayuda” de funcionarios amigos o las leyes protectivas contra los derechos de acreedores o socios minoritarios.


Consecuencias

En este contexto, es muy difícil que el mercado confíe no sólo en los datos oficiales, sino en los propios empresarios. Y las cámaras empresariales poco hacen para mejorar la situación.

A finales de Septiembre de 2007, la tasa PRIME (costo para empresas de primera línea) se ubicó un 50% arriba que en Junio del mismo año (8,64% vs. 13,44%). Que ya de por sí era comparativamente alta, en el mercado internacional. Peor aun es para del resto del sector. Ni hablar de PYMES.

Alto costo de crédito y la poca o nada credibilidad de la palabra argentina en el exterior, condenan a las empresas de capital local sin posibilidad de ayuda estatal, a rentabilidades muy bajas (con el riesgo de quiebra) y a mercados pequeños.

La alternativa de vender a quien no sólo se fondea en el exterior, sino que integra la producción local a su propia producción global, ingresando así a una escala totalmente inaccesible para los locales, es casi imposible de evitar.

El reclamo a los bancos desde el poder político, para aumentar los préstamos al sector productivo (a menor costo), no sólo es una demostración de ignorancia, sino que apenas es voluntarismo. Pero avalar desde las cámaras empresariales este tipo de reclamos, es suicidio.

Para que las empresas como Alpargatas, Swift, CEPA, Acindar, Blaistein, Bieckert, Palermo, Ed. Atlántida, Quilmes, Pago Fácil, Argencard, Loma Negra, Milkaut, CTI, etc., no sean el camino natural para el resto, son los propios empresarios y a través de ellos, las cámaras, los que deben defender contra políticos de ocasión, esta costumbre de avasallar derechos en nombre una mayoría a la que poco representan y en nada les preocupa. Aunque les resulte funcional.

En vez de buscar en intereses internacionales que eventualmente buscan la destrucción de la Argentina, debemos empezar a cambiar la cultura y pensar como hacemos nosotros para no sólo solucionar nuestros problemas, sino volvernos interesantes en un mundo global muy competitivo.

El liderazgo social de los empresarios no se ejerce a través de la obsecuencia y la connivencia con el gobierno. El riesgo es un valor que debe ser defendido.


Buenos Aires, Octubre 12, 2007.-

Publicado en Fundación FUTURO ARGENTINO (www.futuroargentino.com.ar), NOTICIAS IRUYA (http://noticias.iruya.com/content/view/2160/412/) y Fundación ATLAS 1853 (http://www.atlas.org.ar/)

martes, 9 de octubre de 2007

Ser o no ser . . . necio

“La inflación no existe” afirmó de manera terminante el Jefe de Gabinete Alberto Fernández.

“Los índices del Indec (k) son perfectos” aseguró el presidente de los argentinos.

“Tome pesos, déme dólares o bienes (salvo tomates)” dijo el mercado de manera de dejar muy claro cuales son las expectativas.

En este contexto se realizarán en tres semanas las elecciones presidenciales y aun ninguno de los candidatos opositores puede asegurar una pelea seria, siquiera para llegar al balotaje.

Es justamente por esto, que el mercado comienza a anticipar lo que sucederá a partir del 11 de diciembre. Lo mismo que hasta el 10.

Pero dado aquel conocido refrán que dice “Se puede hacer cualquier cosa, pero especialmente en economía, no se pueden evitar pagar las consecuencias”, las expectativas comienzan a marcar una tendencia de cada vez más difícil (o costosa) modificación.


El valor del peso

Los pesos valen menos porque el mercado los demanda menos y la demanda es menor porque la expectativa es que en el futuro valdrán menos aun. Es la misma inflación que el gobierno grita a cuatro vientos, que no existe.

Pero la batalla de la credibilidad esta siendo perdida.

En el mundo de las finanzas, las expectativas son casi tan importantes como el dinero. Un banco jamás prestará fondos si cree que no los va a recuperar. No importa la tasa que el tomador esté dispuesto a pagar.

El riesgo es una oportunidad en la medida que pueda ser decodificado e interpretado en términos de saber cuando el mismo se convierte en certeza de pérdida. Hasta allí siempre habrá quien esté dispuesto a tomarlo.

Pero cuando lo que se pierde es la credibilidad en la información necesaria para su medición, entonces se vuelve tan sólo una apuesta.

Paradójicamente, el proceso al que fue sometido el Indec, donde hoy ya no sólo no son creíbles los índices de precios sino que todas las estadísticas allí elaboradas están en duda, los únicos que pueden pensar en tomar posición en el mercado son aquellos que especulan al límite del abismo. Quizás porque tan solo apuestan las ganancias de operaciones anteriores y no parte del capital originalmente invertido.

Pero para el común de la gente esto no es una alternativa. El aumento de las ventas en supermercados (medidas no sólo en pesos, sino en volumen) tiene que ver con la idea que mañana se comparará menos que hoy, con el mismo monto de dinero.

Y quien tiene capacidad de ahorro (que cada vez es una porción menor de la sociedad), se vuelcan a la única unidad de valor que reconoce: el dólar.

Si bien hoy los montos que el Banco Central debe vender de manera diaria (U$S 30 a 40 millones diarios) son muchos menores que los que compraba hace apenas unas semanas atrás, es la tendencia lo que importa.

La demanda por una moneda que para el argentino promedio es segura y liquida, hace que el modelo comience a mostrar de manera explicita, las fallas que algunos venimos marcando hace ya un largo tiempo.

Durante la semana pasada el Central debió vender poco más de U$S 200 millones, quedando así las reservas en U$S 43.000 millones. Aunque no debemos olvidarnos que la mitad de ellas están constituidas por Letras y Notas que el BCRA emitió para esterilizar base monetaria. Justamente la que motivo en parte, la inflación actual.

El Central ha flexibilizado las normas de manera de bajar las tasas, pero la marcada tendencia en la no renovación de colocaciones y el fly to quality (desde fondos comunes y depósitos a la vista denominados en pesos, a dólares) hará cada vez más estrecha la liquidez de los bancos.

A tasa fija habrá una demanda casi infinita para tomar fondos, pero en un contexto de expectativas de inflación creciente, serán pocos los que estén dispuestos a ser la contraparte. Y los bancos no lo harán con fondos propios. Al menos no de manera importante ni más allá de las elecciones.


El 2008

Durante el fin de semana, el Secretario de Finanzas estuvo buscando consenso entres los banqueros respecto de emitir deuda a largo plazo en el mercado local. Pero la obsecuencia preelectoral no llegó hasta ese punto y la respuesta fue un rotundo “desinterés”. Y no porque no crean que Cristina Kirchner no pueda acceder a la presidencia.

Es el negocio el que no da. La convicción que la inflación real triplica a la oficial es muy fuerte. Lo digan o no las consultoras privadas.

De la misma forma que las necesidades de modificación de las tarifas de servicios públicos están atrasadas y más allá de los discursos electorales, las mismas deberán ser ajustadas hacia arriba, creando un nuevo motivo para pensar en un índice de inflación mayor al incluido en el presupuesto 2008.

Por la misma crisis energética (¿Tampoco existe?) y hasta que las eventuales inversiones se concreten y estén operativas, causará cuellos de botella en la producción de bienes, por lo que con una demanda mayor que su correspondiente oferta, aumentará aun más la presión sobre los precios

Las necesidades de financiamiento para el 2008 no son importantes (U$S 3.000 millones). Pero la Argentina no encuentra quien le preste siquiera una fracción de esa suma. Salvo el teniente coronel Chávez.

Quien además de hacer excelentes negocios financieros con los fondos prestados a la Argentina, obtiene apoyo a proyectos de dudosa utilidad para nosotros como la inminente constitución de Banco del Sur. Un BID del subdesarrollo y de cuestionable beneficio, salvo para algunos funcionarios de la región. Banco que se fondeará con un porcentaje de las reservas de cada país miembro. Y la Argentina debería aportar fondos sobre el cálculo de los U$S 43.000 millones. Cifra que como ya explicamos, está inflada en un 100%, por lo que deberemos aportar el doble de los que correspondería, de haberse respetado la independencia del BCRA.

Como vemos, la situación no es la peor posible. La tendencia indica que todo será más difícil hacia delante.

Las expectativas no son las mejores. Solucionar el actual contexto es el desafío. Negarlo es de necios.

Buenos Aires, Octubre 08, 2007.-

Publicado en Fundación ATLAS 1853 (www.atlas.org.ar) y DIARIO DE AMERICA (http://www.diariodeamerica.com/)

viernes, 7 de septiembre de 2007

Mentiras y el IPC

Parafraseando a Benjamin Disraelí, logramos verificar que no descubrimos nada nuevo. En lugar de las “estadísticas” en forma genérica, la mayor de las mentiras hoy día en nuestro país, es, dentro de ellas, el Índice de Precios al Consumidor (IPC).

El 2007 comenzó con un acto de prepotencia que ha tenido consecuencias mucho más graves que las que se previeron en aquel momento. La intervención por parte del Secretario de Interior Moreno al INDEC a los efectos de evitar un desborde del IPC en pleno año electoral, ha determinado la distorsión de un índice clave a los efectos de la vida económica ordenada de una sociedad.

Pero esta no fue la única consecuencia. El CER, coeficiente por el cual se calcula la actualización de capital de un tercio de deuda pública renegociada (luego de la quita) también se ha visto impactado, disminuyendo la renta de quienes creyeron que luego del default, la Argentina se encaminaba hacia la seriedad.

Por último, pero no por eso de menor importancia, se ha impactado de lleno en la credibilidad del INDEC, un ente que durante décadas había logrado mantenerse al margen de la falta de seriedad de las sucesivas administraciones, obteniéndose como resultado la duda sobre todos los índices e indicadores que el Instituto publica.


El IPC

Este índice es la medida de la inflación. Para su confección se relevan de manera periódica una importante cantidad de productos y servicios, obteniendo los datos de los comercializadores y prestadores de los mismos. Es evidente que para que este relevamiento tenga sentido, la confidencialidad de los informadores de los precios debe ser preservada a rajatabla. De no hacerlo, la posibilidad de verse presionados por el poder de turno para que los precios se mantengan constantes, haría que en lugar de comunicar los precios reales, informen los que desde el Poder Ejecutivo quieran escuchar, inutilizando así la encuesta y sus resultados.

Una de las graves acusaciones hacia el Secretario de Comercio Interior es que presionó a las autoridades del Indec para que le suministren la lista de empresas y comercios que declaraban aumentos. Los propios técnicos que fueron removidos por resistirse a violar el secreto estadístico, denunciaron estas presiones.En realidad, la necesidad de confidencialidad se verifica no sólo en la confección del IPC sino en cualquier encuesta de precios o de calidad de servicio que se realice.

El otro factor necesario para asegurar la calidad del índice, es la idoneidad técnica de los analistas y de los responsables del INDEC. La atropellada de Moreno logró poner en duda ambos pilares, socavando así de manera profunda y calculada la veracidad de los índices.


Las encuestas privadas y otras referencias.

La falta de credibilidad en los números oficiales, ha generado la necesidad de elaborar índices en consultoras y ONGs, que resultan mucho más creíbles.

Si bien la diferencia en la magnitud de las respectivas encuestas es significativa, el punto de convergencia al que llegan hoy, tanto consultoras, como centros de estudios y otras ONGs, demuestra claramente que más allá de sus respectivas simpatías políticas, el IPC no refleja el alza real de la inflación.

Aun así, estos índices privados contienen las distorsiones que el programa implementado desde la Casa Rosada incluye. Esto es, no sólo las tarifas congeladas desde hace ya más de un lustro, sino la política de precios impuestos (¿alguien puede creer que son acordados?) sobre los bienes más sensibles de las canasta familiar.

Como ejemplo veamos que pasó en Agosto de 2007. Mientras el Indec asegura que el rubro Alimentos y Bebidas el aumento fue del 1.2%, la Liga de Acción del Consumidor ADELCO, contabiliza un 7%. Para el gobierno la canasta básica alimentaria aumentó 2.2% pero para la consultora Equis, el incremento para el mismo mes fue de 7.15%

Mientras la inflación acumulada en el año según los datos oficiales es del 5% (0.6% en Agosto), la Asociación de Consumidores Libres calculó 16%.

Otra forma de aproximarse al cálculo de la inflación es a través del incremento en la recaudación del IVA. Durante los primeros ocho meses de 2007 los ingresos por este tributo aumentaron un 35%. Considerando un crecimiento real del consumo del 8,5% y una mejora en la eficiencia recaudatoria del 3% el efecto de aumento de precios sería del 20,8%.

La diferencia entre la estimación de la inflación para el 2007 basada en los números del Indec (8% / 8.3%) y los privados (22% / 25%) o la recaudación del IVA, demuestra a las claras que la manipulación de los índices no es ni menor ni sutil.

Lo que hace inútil al esfuerzo de los interventores del Indec, es justamente esa falta de sutileza, que ha logrado que ya nadie tome el índice oficial en serio, por lo que el desgaste en la credibilidad de los dichos del gobierno, son sólo costo sin beneficio alguno.

Una consecuencia de la inexistencia de un indicador confiable, es la dificultad en el cálculo económico de los negocios. Agregado esto al incremento de la tasa de interés, se produce un fuerte desaliento a la inversión y a la creación de empleo.. La tasa interbancaria para entidades de 1ra línea, ya ha llegado al 13%.


El Iceberg

Hasta aquí estamos describiendo la parte visible del iceberg. Pero los que viajaban en el Titanic aprendieron a un altísimo costo, que lo más peligroso está fuera de la vista. El peligro está bajo la superficie. Hoy en la Argentina, pasa lo mismo cuando hablamos de la inflación.

Cuando el mercado es intervenido y las decisiones de los burócratas reemplazan las preferencias de los individuos, entonces las mediciones de precios, aún sin manipulaciones, dejan de ser representativas.

Vimos que aun los índices no oficiales, están contaminados por la intervención del estado en la fijación de precios y tarifas. Mientras las tarifas se mantengan congeladas y los precios relevados sean los que desde la Secretaria interior se fijen, todo seguirá igual.

Pero más temprano que tarde, tomaremos conciencia que lo que está sumergido es más que relevante. Con precios congelados terminaremos en el desabastecimiento y aquellos que puedan pagar deberán concurrir al mercado negro. Pensar que los productores subsidiaran a la demanda, es cuanto menos infantil.

Las retenciones a las exportaciones deberán mantenerse para sostener la deteriorada solvencia fiscal y para evitar la desaparición completa en el mercado interno de aquellos commodities y bienes exportables que se consumen localmente (granos, derivados del petróleo, carne, leche, etc.). Obviamente esto limitará el ingreso de divisas y se perderán mercados que costó décadas obtener.

Con tarifas congeladas se agravará lo que en 2007 ya comenzamos a vivir. Las inversiones serán anunciadas y además deberán ser solventadas por el gobierno, ya que sin rentabilidad posiblemente nadie las realice. El sector privado ya comenzó a retirarse de la inversión y la consecuencia es la falta de gas, energía eléctrica, gasoil, etc.

La producción deberá desacelerarse para adecuarse a la oferta energética. El spread entre el precio internacional y el definido por el gobierno aumentará o al menos se mantendrá, siendo los subsidios que se deberán distribuir (de manera sospechosamente no transparente) causa de un aumento del gasto.

Como y cuando van a sincerarse los precios es algo difícil de predecir. Quien será el próximo presidente, cual es su visión de la realidad actual, cual será el apoyo legislativo con el que cuente, etc. Aunque no necesariamente quien vaya a contar con más apoyo esté dispuesto a realizar el ajuste.

Lo que si está claro es que el ajuste deberá ser realizado. Podrá ser programado y por ende ordenado, o bien por demorarse, será inevitablemente reactivo al choque con el iceberg. En este caso, sólo se podrán apagar incendios, que no serán pequeños ni pocos. Aunque nadie podrá argumentar que el choque no se podía predecir.


Buenos Aires, Septiembre 06, 2007.-

Publicado en Fundación FUTURO ARGENTINO (www.futuroargentino.com.ar), el DIARIO DE RIO NEGRO (http://www.rionegro.com.ar/diario/2007/09/15/20079o15f02.php) y Fundación ATLAS 1853 (http://www.atlas.org.ar/)